La infraestructura de carga sigue siendo uno de los principales obstáculos para la adopción del
coche eléctrico en España, donde cerca de 9 millones de vehículos duermen habitualmente en la calle. Mientras en el territorio nacional la falta de puntos de recarga accesibles genera incertidumbre, diversos países europeos han comenzado a adaptar el mobiliario urbano para convertir aceras y farolas en estaciones de carga funcionales.
Innovación en el mobiliario urbano
El despliegue de soluciones integradas busca eliminar la necesidad de contar con un garaje privado para poseer un vehículo eléctrico. En Alemania, la empresa Rheinmetall ha desarrollado un sistema de carga integrado directamente en los bordillos de las aceras. Esta tecnología permite ofrecer hasta
22 kW de potencia sin alterar la estética urbana ni obstruir el paso de los peatones, integrándose de forma invisible en la infraestructura existente.
Por otro lado, ciudades como Londres han facilitado recientemente la normativa para la instalación de puntos de carga en los bordillos. A partir de este mes de octubre, se ha eliminado la necesidad de solicitar permisos urbanísticos específicos para estas instalaciones, agilizando considerablemente el acceso a la electricidad para los residentes que no disponen de aparcamiento privado.
Situación actual en España
España mantiene una posición distinta respecto a estas implementaciones europeas. Aunque en 2021 se llevó a cabo una prueba piloto en Valencia con 22 puntos de recarga instalados en farolas, el proyecto fue descartado debido a la normativa vigente que impide conectar sistemas de recarga al alumbrado público. Actualmente, el despliegue de estas soluciones a gran escala requiere cambios regulatorios o incentivos específicos que permitan a los municipios adoptar modelos de gestión similares a los observados en otros países de Europa.
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