
El proyecto Rassvet, la apuesta de Rusia para desarrollar su propia red de banda ancha satelital, está enfrentando serias dificultades técnicas tras sus primeros despliegues. Desarrollado por la compañía Bureau 1440 como respuesta a la hegemonía de Starlink, el sistema ha logrado poner en órbita 32 unidades, pero ninguna ha alcanzado la altitud operativa necesaria.
Tras la implementación de una lista blanca por parte de Estados Unidos y Ucrania para restringir el uso de Starlink en la zona de conflicto, el Kremlin aceleró sus planes para ganar independencia tecnológica. Sin embargo, los datos actuales muestran que el rendimiento del hardware está lejos de las expectativas iniciales.
Problemas en la órbita de los satélites Rassvet
La hoja de ruta rusa contemplaba el lanzamiento de dos tandas de 16 satélites entre marzo y julio de 2026. A pesar de los lanzamientos, el estado de la infraestructura es crítico: ninguno de los dispositivos ha logrado posicionarse en la órbita prevista de 800 km, quedándose estancados en altitudes de entre 300 y 550 kilómetros.
Algunos satélites incluso perdieron altitud hasta reingresar en la atmósfera terrestre, frustrando los objetivos de comunicación a gran escala que el país proyectaba para 2027 y 2035.
Aunque los fallos iniciales en el despliegue de constelaciones satelitales no son un fenómeno exclusivo —la propia SpaceX enfrentó retos técnicos en sus primeras etapas con Starlink—, el contexto logístico complica la situación para el programa ruso. El suministro de cohetes Soyuz, necesarios para poner estos dispositivos en el espacio, se ha visto afectado por ataques directos a la infraestructura de fabricación y al Cosmódromo de Plesetsk, lo que dificulta la capacidad de Rusia para iterar y corregir el rumbo de su red satelital a corto plazo.



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