La industria española de electrodomésticos atraviesa uno de sus momentos más críticos. En las últimas dos décadas, el tejido industrial ha sufrido la desaparición de 17 plantas, ya sea por cierres definitivos o procesos de deslocalización hacia países con menores costes de producción. Actualmente, apenas queda una decena de fábricas operativas en todo el territorio nacional, según datos de APPLIA, la Asociación Española de Fabricantes e Importadores de Electrodoméstico.
El impacto de la deslocalización y las normativas
El factor principal que explica esta tendencia es la búsqueda de rentabilidad fuera del continente europeo, especialmente en Asia. La presión de los costes regulatorios y medioambientales dentro de la Unión Europea ha generado asimetrías competitivas. Un ejemplo claro es el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que grava la importación de materias primas como el acero, pero no afecta a los electrodomésticos fabricados en el extranjero que llegan ya terminados al mercado europeo. Además, las empresas locales deben hacer frente a exigencias legales adicionales, como la obligación de garantizar repuestos durante una década y cumplir con periodos de garantía superiores a la media comunitaria, lo que incrementa los costes de inventario y gestión frente a la competencia importada.



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