El verano suele traer temperaturas sofocantes, pero no todo episodio de calor extremo se clasifica oficialmente como una ola de calor. La AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) utiliza una definición técnica precisa para distinguir estos fenómenos meteorológicos de los días aislados de calor intenso.

Los tres requisitos para declarar una ola de calor
Para que la AEMET confirme oficialmente este fenómeno en la Península y Baleares, deben cumplirse obligatoriamente tres condiciones simultáneas:
- Duración: El episodio debe prolongarse durante al menos 3 días consecutivos.
- Alcance: Se deben registrar temperaturas extremadamente altas en, como mínimo, el 10% de los observatorios de referencia.
- Umbral térmico: Las temperaturas máximas deben superar el percentil 95 de las series históricas medidas entre julio y agosto de 1971 a 2000.
En el caso de Canarias, debido a la menor cantidad de observatorios, el requisito de alcance se ajusta a un mínimo de dos puntos de medición para evitar sesgos en la detección.

La importancia del seguimiento de alertas
Es fundamental diferenciar la ola de calor de los avisos por altas temperaturas. Aunque un episodio no cumpla los tres criterios técnicos de la AEMET, puede existir un riesgo real para la salud. Por ello, los ciudadanos deben consultar diariamente el sistema de alertas por colores, que categoriza el peligro en amarillo (riesgo importante), naranja (riesgo alto) y rojo (riesgo extremo).
Además, el fenómeno conocido como efecto isla de calor urbano agrava la situación en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia y Palma de Mallorca. En estas zonas, los materiales de construcción y el asfalto retienen el calor durante el día y lo liberan por la noche, impidiendo el enfriamiento natural del aire y aumentando la vulnerabilidad de la población ante episodios térmicos prolongados.



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