
El mundo no se enfrenta a una escasez de uranio, incluso ante una masiva expansión de la
energía nuclear en las próximas décadas. Un informe conjunto de la OCDE y el OIEA, titulado "Uranio 2026: recursos, producción y demanda", revela que existen más de 8,1 millones de toneladas de uranio identificadas y recuperables a un coste competitivo.
Aunque la disponibilidad del recurso está garantizada, el desafío real para la industria reside en la capacidad de extracción. Según las proyecciones, la potencia nuclear mundial podría multiplicarse por 2,5 para el año 2050, impulsada en gran medida por la creciente demanda energética de los centros de datos necesarios para la
inteligencia artificial.
El cuello de botella: tiempos de extracción
El problema no es la abundancia del mineral, sino el tiempo que requiere poner en marcha nuevas explotaciones. La Agencia de la Energía Nuclear estima que desarrollar una mina de uranio puede llevar entre 15 y 20 años. Si se cumplen las previsiones de crecimiento, la demanda anual pasará de las 64.500 toneladas actuales a un rango de entre 84.800 y 143.900 toneladas para 2050.

Ante este escenario, la industria minera ya ha comenzado a responder con un incremento del 20% en la producción durante 2023 y 2024. Sin embargo, la dependencia de países como Australia, Kazajistán, Rusia, Namibia y Canadá añade una capa de complejidad geopolítica sobre la
cadena de suministro del combustible nuclear. La capacidad de coordinar la apertura de nuevas minas con las necesidades energéticas globales definirá el éxito de esta transición hacia un modelo con mayor peso de la energía atómica.
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