Google ha iniciado una fase crítica para su infraestructura tecnológica con el despliegue del Project Suncatcher. La compañía lanzará la próxima semana un prototipo de satélite equipado con sus propios chips de IA, específicamente cuatro unidades TPU, con el objetivo de evaluar su comportamiento ante las condiciones extremas del entorno espacial.

El desafío de la infraestructura orbital
El lanzamiento se realizará mediante la misión Transporter-18 de SpaceX, en colaboración con Planet Labs. Esta primera toma de contacto busca medir cómo los procesadores resisten las fuerzas G y las vibraciones intensas del despegue, que pueden alcanzar picos de hasta 100 g en componentes críticos. Además, Google analizará la gestión térmica en el vacío, donde la disipación de calor presenta retos técnicos muy distintos a los encontrados en los centros de datos terrestres.

Hacia centros de datos autosuficientes
La ambición detrás de Project Suncatcher es explorar una alternativa al consumo energético terrestre. Al situar clústeres de computación en órbita, los satélites pueden aprovechar la energía solar de forma constante. Si las pruebas de resistencia actuales tienen éxito, Google planea avanzar hacia el despliegue de dos satélites en 2027 equipados con sistemas de transferencia de datos mediante láseres de alta velocidad, sentando las bases para futuros centros de datos espaciales.



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