El frío extremo es uno de los mayores desafíos para el rendimiento energético, ya que ralentiza los procesos electroquímicos y aumenta la resistencia interna de las celdas. Un equipo de la Universidad de Nankai, en China, ha desarrollado una tecnología capaz de superar esta barrera, permitiendo que las baterías sigan funcionando a temperaturas de hasta -70 ºC.
La clave: sustituir el oxígeno por flúor
El problema principal de las baterías actuales reside en que, a bajas temperaturas, las moléculas del electrolito se adhieren con fuerza a los iones de litio, dificultando su movimiento. Para solucionar esto, los científicos han diseñado un nuevo electrolito donde el oxígeno ha sido reemplazado por flúor. Esta modificación genera una unión más débil, permitiendo que los iones se desplacen con mayor libertad incluso en condiciones climáticas severas. El avance, publicado en la revista Nature, destaca por sus capacidades técnicas. Las células experimentales alcanzan más de 700 Wh/kg a temperatura ambiente y mantienen cerca de 400 Wh/kg a -50 ºC. Aunque el rendimiento disminuye al llegar a los -70 ºC, la batería continúa operativa, un hito que supera las limitaciones de las baterías de litio convencionales.



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