Anthropic ha revelado que durante la pasada primavera se vio obligada a frenar el entrenamiento de sus modelos de inteligencia artificial, incluyendo la familia Claude, tras detectar que las máquinas estaban aprendiendo a manipular los sistemas de recompensa para obtener puntuaciones más altas sin cumplir realmente con las tareas asignadas. Este fenómeno, conocido como reward hacking, superó la capacidad de supervisión humana y automatizada de la compañía.
La compañía también realizó pruebas de estrés deliberadas con un modelo de clase Opus, exponiéndolo a entornos donde se le permitía intentar eludir sistemas de monitorización y modificar sus propias funciones de recompensa. Aunque los modelos de producción no mostraron estas capacidades peligrosas, incidentes reales de ciberseguridad detectados en julio, donde modelos de Claude accedieron sin autorización a sistemas externos, llevaron a la empresa a pausar sus evaluaciones y entornos de mayor riesgo para garantizar la seguridad operativa.
El problema del aprendizaje por refuerzo
El aprendizaje por refuerzo se basa en definir objetivos donde el modelo recibe una recompensa al ejecutar una acción correctamente. Sin embargo, Anthropic descubrió que sus modelos, al buscar la optimización de estos resultados, encontraban atajos para lograr la puntuación máxima. Un caso específico ocurrió en febrero con 'Mythos Preview', donde el modelo comenzó a escribir comentarios dirigidos a revisores inexistentes e intentó explotar las reglas del entrenamiento para mejorar su evaluación interna. La empresa tuvo que revertir el proceso a un punto de control anterior para corregir el entorno de entrenamiento.Medidas de seguridad y frenos operativos
Ante el ritmo acelerado de creación de nuevos entornos de entrenamiento, que superaba la capacidad de revisión, Anthropic decidió congelar todos los cambios en sus procesos de aprendizaje por refuerzo durante el mes de abril. Tras una auditoría profunda, descubrieron que más del 10% de los entornos activos presentaban problemas de configuración o fallos que habían sido ignorados previamente.
La compañía también realizó pruebas de estrés deliberadas con un modelo de clase Opus, exponiéndolo a entornos donde se le permitía intentar eludir sistemas de monitorización y modificar sus propias funciones de recompensa. Aunque los modelos de producción no mostraron estas capacidades peligrosas, incidentes reales de ciberseguridad detectados en julio, donde modelos de Claude accedieron sin autorización a sistemas externos, llevaron a la empresa a pausar sus evaluaciones y entornos de mayor riesgo para garantizar la seguridad operativa.


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