
Un estudio de la Universidad de Jinan ha revelado que la vegetación urbana, tradicionalmente vista como un pulmón esencial, puede contribuir negativamente a la calidad del aire bajo condiciones específicas. El análisis, centrado en Pekín, indica que ciertas especies de árboles liberan compuestos orgánicos volátiles (COV) que, al reaccionar con la luz solar y los óxidos de nitrógeno, favorecen la formación de ozono troposférico.
El impacto del isopreno en el ozono
El problema reside en la emisión de isopreno, un subproducto de la fotosíntesis liberado principalmente por especies como el sauce (Salix spp.) y el chopo (Populus spp.). Aunque las emisiones de estos árboles son inferiores en volumen a las de origen humano, su capacidad química para generar ozono es desproporcionada. Según los datos obtenidos, si bien la vegetación representó solo el 10% de las emisiones totales de COV en el periodo analizado, fue responsable del 52% de las reacciones químicas que derivan en la creación de ozono.

Influencia de las altas temperaturas
La investigación destaca que el aumento de las temperaturas agrava este fenómeno. A 35 °C, la tasa de reactividad química que forma ozono es siete veces superior que a 20 °C. En este escenario de calor extremo, la contribución de la vegetación a la reactividad química puede alcanzar el 74%. Este hallazgo es relevante para la gestión ambiental en megaciudades, donde la reducción de emisiones vehiculares ha hecho que el papel químico de los árboles sea relativamente más significativo.
Este descubrimiento no invalida los beneficios térmicos y ambientales del arbolado, pero sugiere la necesidad de implementar criterios más precisos en la planificación urbana. La clave reside en seleccionar especies con bajo potencial de emisión de isopreno para evitar que el arbolado urbano actúe como un catalizador de contaminantes en lugar de como una solución definitiva para la calidad del aire.



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