China, la potencia solar y eólica líder a nivel mundial, enfrenta un desafío inesperado: su red eléctrica no puede absorber toda la energía limpia que genera. Este fenómeno, conocido como deslastre o 'curtailment', ocurre cuando los gestores de la red rechazan deliberadamente electricidad renovable porque el sistema de transmisión no está preparado para canalizarla de forma segura.
El impacto de la falta de infraestructura
Un informe reciente del Global Energy Monitor y el Center for Research on Energy and Clean Air revela que, solo entre enero y junio de 2026, el país rechazó 360 TWh de energía limpia. Esta cifra supone un incremento del 49% respecto al año anterior y equivale al consumo eléctrico anual de todo un país como México. La causa principal no es un fallo técnico, sino una red de transmisión que no ha crecido al mismo ritmo vertiginoso que la capacidad de generación fotovoltaica y eólica. La situación obliga al sistema a recurrir a combustibles fósiles, como el carbón, para gestionar los picos de demanda energética, especialmente ante las necesidades de potencia requeridas por el sector de la inteligencia artificial. Aunque las renovables son protagonistas, su respuesta ante variaciones súbitas de carga es más lenta que la del gas o el carbón.



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