Los Alpes, que ocupan el 60% del territorio suizo, han condicionado históricamente la conectividad del país. Ante la dificultad de construir infraestructura en superficie, los ingenieros suizos han apostado por una solución radical: atravesar la roca. Esta estrategia, que combina tecnología avanzada con una planificación a largo plazo, ha convertido al subsuelo en el eje central de su red de transporte nacional y continental.
La red subterránea como pilar estratégico
La Swiss Tunnelling Society contabiliza actualmente 1.852 túneles en el país, sumando 2.544 kilómetros de longitud. Esta cifra incluye infraestructuras ferroviarias, de carretera e hidroeléctricas. El salto tecnológico más significativo ocurrió con la creación de los túneles de base de Lötschberg, Gotardo y Ceneri, que permiten el paso de trenes a cotas mucho más bajas, reduciendo drásticamente las pendientes y curvas de las rutas históricas del siglo XIX. El túnel de base del Gotardo, con sus 57,1 kilómetros, destaca como una de las obras de ingeniería más complejas del mundo. Su construcción requirió la excavación de 152 kilómetros de estructuras subterráneas, incluyendo pozos y galerías auxiliares, superando los desafíos geológicos impuestos por los 2.300 metros de roca que se elevan sobre el trazado.



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