Un ambicioso proyecto de infraestructura eléctrica en Reino Unido tuvo que modificar su trazado tras recibir cientos de quejas de fans de la saga Harry Potter. El interconector Greenlink, una obra valorada en 430 millones de libras, conecta la red eléctrica entre Irlanda y Gales, pero su ruta original amenazaba un punto de peregrinación cultural inesperado: la tumba del elfo doméstico Dobby en la playa de Freshwater West.
El conflicto entre infraestructura y cultura pop
El proyecto Greenlink, diseñado para abastecer a unos 380.000 hogares, enfrentó una presión social sin precedentes. Según relató Simon Ludlam, director del proyecto, la compañía fue objeto de un aluvión de llamadas de protesta que exigían proteger el lugar donde los seguidores de la franquicia han depositado piedras y prendas de vestir en homenaje al personaje cinematográfico. A pesar de la naturaleza ficticia del elfo, la movilización de los fans fue lo suficientemente contundente como para obligar a los ingenieros a rediseñar la conexión submarina y evitar el área protegida por los seguidores.



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