Durante años, millones de usuarios recorrieron Azeroth en World of Warcraft, desconociendo que sus aventuras dependían de servidores físicos específicos. Cuando Blizzard decidió actualizar su infraestructura, se enfrentó al destino de miles de máquinas que habían dado vida a reinos como Darkspear o Kel’Thuzad. En lugar de desecharlas, la compañía optó por una iniciativa histórica: convertir el hardware en piezas de colección.
La posibilidad de adquirir el servidor físico donde un jugador había pasado miles de horas jugando a World of Warcraft generó un alto interés. Según datos recopilados años después, algunas de estas piezas llegaron a alcanzar precios de miles de dólares en las subastas, dependiendo de la popularidad del reino al que estaban asociadas. Para los aficionados, estas máquinas dejaron de ser componentes tecnológicos para transformarse en recuerdos tangibles de sus experiencias en el MMORPG más icónico de las últimas décadas. Aunque hoy el juego utiliza una infraestructura moderna, estas subastas marcaron un precedente sobre cómo preservar la historia física detrás de los mundos digitales.

El fin de la vida útil de los servidores blade
En 2011, Blizzard anunció la subasta de unos 2.000 servidores blade HP ProLiant que habían quedado obsoletos. Cada unidad fue entregada en una vitrina conmemorativa, acompañada por una placa firmada por el equipo de desarrollo. Esta medida no solo permitió gestionar la retirada de residuos electrónicos, sino que también sirvió para recaudar fondos destinados al St. Jude Children’s Research Hospital.
La posibilidad de adquirir el servidor físico donde un jugador había pasado miles de horas jugando a World of Warcraft generó un alto interés. Según datos recopilados años después, algunas de estas piezas llegaron a alcanzar precios de miles de dólares en las subastas, dependiendo de la popularidad del reino al que estaban asociadas. Para los aficionados, estas máquinas dejaron de ser componentes tecnológicos para transformarse en recuerdos tangibles de sus experiencias en el MMORPG más icónico de las últimas décadas. Aunque hoy el juego utiliza una infraestructura moderna, estas subastas marcaron un precedente sobre cómo preservar la historia física detrás de los mundos digitales.


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