Un estudio reciente ha revelado una preocupante realidad para el este de China: sus grandes núcleos urbanos están descendiendo de nivel. Este fenómeno, conocido como subsidencia, es consecuencia directa de décadas de extracción intensiva de agua subterránea para satisfacer la creciente demanda de una infraestructura urbana en constante expansión.

El impacto de la compactación del suelo
El proceso de hundimiento no implica que la tierra se abra, sino que el subsuelo se compacta. Al retirar el agua que ocupaba los poros entre los sedimentos, el terreno pierde su soporte natural. Bajo el peso de rascacielos, carreteras y redes de metro, el suelo se comprime progresivamente, un daño que en la mayoría de los casos resulta irreversible.
Los datos obtenidos mediante satélites entre 2015 y 2022 indican que el 45% de las áreas urbanas analizadas se hunden más de tres milímetros al año, mientras que una de cada seis ciudades supera los diez milímetros anuales. Este descenso compromete la integridad de las estructuras y aumenta significativamente el riesgo de grietas en edificios y fallos en infraestructuras críticas.

El factor de riesgo: la subida del nivel del mar
La situación es especialmente crítica en la costa oriental, donde el hundimiento del terreno coincide con el aumento global del nivel del mar. En deltas industriales como los del río Yangtsé o el río Perla, que albergan a ciudades clave como Shanghái, Hong Kong y Shenzhen, ambos procesos se refuerzan mutuamente. La subsidencia acelera la exposición a inundaciones, lo que representa una amenaza para centros logísticos de relevancia mundial.
Lecciones aprendidas y medidas de mitigación
Aunque el daño es complejo, existen precedentes positivos. Shanghái, que experimentó un hundimiento superior a un metro durante el siglo XX, logró estabilizar su situación limitando las extracciones de agua y reinyectando recursos hídricos en los acuíferos. De manera similar, Tokio consiguió frenar su subsidencia en los años setenta mediante estrictas regulaciones sobre el uso de pozos. El desafío actual para las autoridades chinas radica en escalar estas medidas a nivel nacional para frenar el ritmo de descenso de sus ciudades.



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