La integración de la **inteligencia artificial** en el entorno empresarial está generando un debate sobre su impacto real en el mercado laboral. Aunque se ha especulado con un cambio de paradigma inmediato, nuevos análisis sugieren que los beneficios tangibles en la productividad podrían tardar más de lo previsto, siguiendo un patrón histórico similar al de la llegada del ordenador personal a las oficinas.
El precedente histórico de la curva en J
Elsie Peng, economista de Goldman Sachs, ha comparado la implementación de la **IA** con la adopción del PC tras 1981. Los datos históricos revelan que, tras la llegada del ordenador personal, la productividad empresarial no solo no aumentó inmediatamente, sino que experimentó un ligero retroceso durante los primeros cuatro años. El crecimiento real comenzó a manifestarse cerca del octavo año, alcanzando su pico máximo una década después. Esta tendencia, conocida como **curva en J**, sugiere que si la IA sigue un ciclo similar, los impactos significativos en la productividad global no serían visibles hasta el año 2030, con un techo de rendimiento hacia 2034.El factor del rediseño de procesos
El éxito de una tecnología disruptiva no depende únicamente del hardware o el software, sino de la capacidad de las empresas para adaptar sus procesos internos. En la década de los noventa, por cada dólar invertido en tecnología, las organizaciones tuvieron que destinar cerca de 1,70 dólares a la reestructuración operativa. Actualmente, el gasto en infraestructura de centros de datos para **inteligencia artificial** crece a un ritmo acelerado, pero la inversión en reorganizar los flujos de trabajo es considerablemente más lenta, lo que retrasa la obtención de resultados reales.



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