El Ministerio de Transportes de España ha comunicado su rechazo rotundo a la propuesta de la Comisión Europea que instaba a migrar toda la red ferroviaria nacional del actual ancho ibérico al ancho estándar europeo de 1.435 mm. La decisión, que afecta directamente a la conectividad y la infraestructura de transporte en la península, se basa en la inviabilidad económica de un proyecto que requeriría 30.000 millones de euros y 30 años de obras.
El impacto de la excepcionalidad ibérica
La red ferroviaria española se construyó históricamente con un ancho de 1.672 mm, una decisión tomada en el siglo XIX para permitir locomotoras más potentes en un terreno predominantemente montañoso. Esta elección, compartida con Portugal, ha generado una desconexión técnica con el estándar internacional predominante en el resto de Europa. Actualmente, el sistema español convive con tres anchos distintos: el internacional para la alta velocidad, el ibérico para la red convencional y de Cercanías, y el ancho métrico para zonas específicas. El Gobierno ha descartado todas las alternativas planteadas por Bruselas, incluyendo la implementación de terceros carriles o hilos mixtos, debido a la alta complejidad técnica y los elevados costes de mantenimiento que supondrían estas adaptaciones.



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