
La necesidad de diversificar el suministro tras la crisis del gas ha llevado a Europa a fijar su estrategia en el norte de África. La región, con un alto potencial en recursos renovables, se perfila como un clúster energético clave para el viejo continente mediante proyectos de hidrógeno verde y conexiones eléctricas submarinas.
Proyectos de energía renovable en el Magreb
El interés europeo se materializa en planes concretos que buscan conectar la capacidad de generación africana con las redes continentales. Marruecos ha proyectado una inversión de 16.000 millones de dólares para ampliar su capacidad en 16 GW, mientras que Argelia planea integrar 15 GW de renovables para 2035. Por su parte, Túnez avanza con el cable submarino Elmed hacia Sicilia, reforzando la apuesta por la infraestructura de transporte energético.
Desafíos técnicos y viabilidad económica
La transición hacia este modelo depende de dos vertientes técnicas: la instalación de cables eléctricos submarinos y la posible reconversión de gasoductos para transportar hidrógeno. Empresas como
Snam ya posicionan su operativa en rutas clave entre Italia y Argelia. Sin embargo, la viabilidad a largo plazo enfrenta obstáculos significativos. Según estudios académicos, el hidrógeno verde aún requiere de subsidios para competir en precio con el derivado del gas natural, situándose actualmente por encima de los costes de producción fósil.
Además, la historia de proyectos energéticos en la región, como el caso de
Desertec, sirve como recordatorio de que la geopolítica y los compromisos financieros pueden frenar la ejecución de infraestructuras críticas. La capacidad de Europa para convertir estos objetivos en una red operativa definirá su nivel de dependencia energética en la próxima década.
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