El origen de Activision no fue una coincidencia empresarial, sino el resultado de una profunda crisis interna en Atari. A finales de la década de los 70, a pesar de que la compañía de Nolan Bushnell vivía su época dorada, el malestar entre sus desarrolladores era insostenible. Problemas como la falta de reconocimiento en los créditos de los juegos y salarios desproporcionadamente bajos respecto a las ganancias de la empresa provocaron una fractura definitiva.

El nacimiento de la primera third party
Cuatro desarrolladores clave de la división doméstica de Atari —David Crane, Larry Kaplan, Alan Miller y Bob Whitehead— decidieron abandonar la empresa en 1979 para fundar su propio estudio. Su objetivo era claro: demostrar que ellos eran los verdaderos motores del éxito de la marca. Al elegir el nombre de Activision, buscaron intencionadamente aparecer antes que Atari en los listines telefónicos y catálogos, marcando así el inicio de una curiosa rivalidad que perduraría décadas.

La obsesión por el listín telefónico
Esta competencia, bautizada como la Guerra del Alfabeto, se extendió por todo el sector. Tras la Crisis del 83, otros ex-empleados intentaron emular la estrategia de Activision con nombres como Accolade, Acclaim o Absolute Entertainment, todos diseñados para ocupar los primeros puestos en las listas alfabéticas. Aunque estas compañías marcaron la historia de los videojuegos con títulos legendarios, la mayoría desapareció con el paso del tiempo, dejando a Activision como la única superviviente que mantuvo su esencia original tras diversos cambios corporativos.



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