El sistema de conducción autónoma supervisada de Tesla, conocido como FSD (Full Self-Driving), se encuentra con obstáculos regulatorios significativos en su despliegue por Europa. Aunque países como Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Lituania y Estonia ya han aprobado su uso a nivel nacional, la ambición de Tesla de operar en todo el bloque comunitario depende de una votación en el Comité Técnico de Vehículos de Motor (TCMV) prevista para finales de junio.
La aprobación definitiva requiere una mayoría cualificada: el apoyo de al menos 15 de los 27 estados miembros que representen el 65% de la población de la Unión Europea. Este revés llega en un momento crítico para la marca, que busca recuperar cuota de mercado en Europa frente al crecimiento de fabricantes competidores y los recientes desafíos en sus cifras de matriculaciones.
El conflicto por los límites de velocidad
El principal punto de fricción es la función 'Speed Offset', que permite al conductor configurar el sistema para circular por encima del límite legal de velocidad. La Administración de Transporte sueca (TRV) ha instado formalmente al TCMV a rechazar la expansión del sistema si Tesla no elimina esta capacidad. Según las autoridades suecas, permitir que un sistema automatizado ignore sistemáticamente las normas de tráfico socava la seguridad y el marco legal vigente. A esta postura se han sumado el escepticismo de Finlandia y Noruega.Desafíos tecnológicos y regulatorios
Además de la velocidad, los reguladores han cuestionado el rendimiento del software en condiciones climáticas extremas, como la nieve intensa, y la propia denominación de 'Full Self-Driving'. Para mitigar confusiones sobre el nivel real de autonomía, Tesla ha comenzado a etiquetar la versión europea como 'FSD (Supervised)'. Por su parte, la compañía mantiene que el conductor es el responsable final del vehículo y debe estar siempre alerta para retomar el control en caso de ser necesario.
La aprobación definitiva requiere una mayoría cualificada: el apoyo de al menos 15 de los 27 estados miembros que representen el 65% de la población de la Unión Europea. Este revés llega en un momento crítico para la marca, que busca recuperar cuota de mercado en Europa frente al crecimiento de fabricantes competidores y los recientes desafíos en sus cifras de matriculaciones.


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