El dueño de un agapornis llamado Nitya, residente en Filipinas, ha desarrollado un dispositivo casero utilizando un dron con una cabina improvisada a partir de una botella de plástico. El objetivo del propietario era permitir que su ave, que perdió la coordinación de sus patas tras el ataque de un gato, pudiera volver a experimentar el vuelo al no ser capaz de aterrizar por sí misma.

Cuestionamientos sobre el bienestar animal
Mientras que el dueño asegura que el animal muestra entusiasmo durante los recorridos, diversos colectivos enfocados en el bienestar animal han expresado su preocupación. Los críticos señalan que encerrar al ave en un espacio sin movilidad y exponerla al ruido constante de los motores del dron contraviene las recomendaciones básicas de organizaciones especializadas en la prevención de la crueldad animal.
El uso de este tipo de tecnología para fines recreativos con animales vivos ha abierto un debate sobre los límites de la intervención humana frente a las necesidades biológicas de las especies, cuestionando si la intención del usuario justifica la exposición del ejemplar a condiciones de estrés auditivo y confinamiento.



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