La empresa alemana SWARM Bioatctic ha captado la atención del sector tecnológico al presentar un sistema de insectos cyborg equipados con mochilas de sensores y controlados mediante inteligencia artificial. El objetivo de la compañía es utilizar cucarachas, langostas o saltamontes en operaciones críticas como seguridad nacional o respuesta ante desastres naturales, aprovechando la movilidad natural de estos animales para infiltrarse en entornos complejos.

Funcionamiento y control de los biorrobots
El sistema, desarrollado desde 2024, utiliza módulos de estimulación neural conectados a las antenas de los insectos mediante electrodos. Esta tecnología permite influir en su capacidad de navegación básica, dirigiendo sus movimientos a través de señales eléctricas. Para garantizar la autonomía, los ingenieros han integrado baterías en pequeñas estructuras impresas en 3D colocadas sobre el tórax del animal, capaces de generar hasta 17,2 mW sin impedir su desplazamiento.
El desafío de la habituación biológica
A pesar de las promesas comerciales, la comunidad científica señala un obstáculo fundamental: la habituación. Los insectos vivos dejan de responder a los estímulos eléctricos tras un periodo de tiempo, lo que limita el control efectivo sobre ellos. Mientras que algunas investigaciones han logrado prolongar esta interacción hasta las 3 horas, la mayoría de los estudios se sitúan en ventanas operativas de apenas 47 minutos, lejos de la autonomía indefinida que sugieren los enfoques de espionaje continuo.

El uso de estos biorrobots plantea además interrogantes sobre el bienestar animal y la ética en la investigación. Aunque la empresa asegura que el proceso no resulta doloroso, la comunidad científica aún debate si estos insectos poseen la capacidad de experimentar dolor subjetivo, un factor que sigue siendo objeto de estudio en el desarrollo de estas tecnologías emergentes.



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