La historia del manga japonés guarda un episodio tan fascinante como enigmático: una supuesta colaboración improvisada entre Alejandro Jodorowsky, creador de El Incal, y Katsuhiro Otomo, autor de Akira. Según el propio Jodorowsky, un encuentro en Tokio durante la promoción de su película Santa Sangre terminó con una servilleta llena de notas que habrían servido de guía para resolver el complejo final de Akira.

La influencia del surrealismo en el manga
El autor chileno relató en 2010 que, tras una comida compartida en la capital japonesa, Otomo le confesó sus dificultades para concluir la obra que había iniciado en 1982. Jodorowsky, vinculado históricamente a técnicas de escritura automática y surrealismo, asegura haber garabateado una idea en una servilleta, aunque admite no recordar el contenido específico. Pese a la falta de confirmación oficial por parte de Otomo, los seguidores de ambos autores han señalado durante años paralelismos temáticos entre las visiones sobre el potencial mental humano presentes tanto en El Incal como en Akira.
El desafío narrativo de Katsuhiro Otomo
El contexto de aquel entonces era complejo para el mangaka. Otomo se enfrentaba a la presión de finalizar la versión impresa de Akira después de haber dirigido la adaptación cinematográfica de 1988, la cual presentaba un cierre distinto al del papel. Tras pausar la serialización para dedicarse al cine, el autor retomó las viñetas, culminando la obra en 1990 y añadiendo posteriormente un epílogo extendido en 1993. Esta revisión profunda del material original, sumada a la influencia declarada de Moebius en el estilo de Otomo, ha mantenido vivo el debate sobre cuánto de aquella noche de whisky y conversación pudo filtrarse en las páginas finales del manga.



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