En una de las modificaciones más audaces del mundo del motor, el preparador japonés Isami Amemiya transformó un Ferrari Testarossa al eliminar su motor V12 original para instalar un propulsor rotativo Wankel de cuatro rotores con doble turbocompresor. Esta creación, presentada en el Salón de Tokyo, redefine la ingeniería del vehículo clásico.
La elección del motor rotativo para este Ferrari Testarossa responde a una búsqueda de mayor ligereza y un comportamiento dinámico distinto, aunque requiere un mantenimiento riguroso debido a su consumo de aceite y exigencias técnicas. Esta pieza única se mantiene hoy como uno de los ejercicios de personalización más singulares en la cultura automotriz japonesa.
Ingeniería extrema: de V12 a 800 CV rotativos
El motor Wankel destaca por su diseño compacto, basado en un rotor triangular que gira dentro de una cámara para realizar los ciclos de admisión, compresión, explosión y escape. A diferencia de los motores de combustión tradicionales con cilindros, esta configuración permite alcanzar un régimen de revoluciones muy elevado y una entrega de potencia notable en un espacio reducido. Amemiya adaptó un bloque de cuatro rotores —similar al utilizado en el legendario Mazda 787B ganador de Le Mans— y le añadió dos turbocompresores, logrando una potencia de 800 CV. Más allá de la mecánica, el proyecto implicó una reconstrucción profunda del chasis, conservando únicamente el techo, las puertas y el interior del diseño original de Ferrari.
La elección del motor rotativo para este Ferrari Testarossa responde a una búsqueda de mayor ligereza y un comportamiento dinámico distinto, aunque requiere un mantenimiento riguroso debido a su consumo de aceite y exigencias técnicas. Esta pieza única se mantiene hoy como uno de los ejercicios de personalización más singulares en la cultura automotriz japonesa.


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