Un reciente estudio de la consultora PwC, realizado tras encuestar a 49.364 trabajadores de 48 países, ha puesto sobre la mesa una realidad preocupante sobre la adopción de la inteligencia artificial en el entorno laboral. Los resultados muestran que, a pesar de la promesa de mayor eficiencia, una gran parte de la plantilla se encuentra en una situación de vulnerabilidad por la falta de competencias técnicas.

Cuatro perfiles ante la revolución tecnológica
La investigación clasifica a los empleados en cuatro categorías según su relación con la IA. En la cima se encuentran los front-runners (14%), que dominan las herramientas, seguidos por los AI Insurgents, quienes utilizan la tecnología para compensar su falta de conocimientos técnicos. Por otro lado, un 11% de los trabajadores se define como indispensables, basándose exclusivamente en su experiencia humana sin hacer uso de la inteligencia artificial.
El foco de atención recae sobre el 56% restante, el grueso de la fuerza laboral que, según el estudio, no está integrando estas herramientas en su flujo de trabajo diario. Este grupo, vital para la operatividad de las empresas, se enfrenta a una brecha digital que no depende de su voluntad, sino de la falta de recursos proporcionados por sus organizaciones.
La paradoja de la formación
El informe subraya que el 61% de estos trabajadores afirma no tener acceso a programas de capacitación necesarios para actualizar sus capacidades. La situación resulta contradictoria, ya que el acceso a recursos de formación dentro de las empresas ha experimentado un descenso, cayendo del 59% al 51% en el último año. Esta carencia de inversión en capital humano sugiere que, aunque se espera que la inteligencia artificial transforme los modelos productivos, las empresas están descuidando la preparación necesaria para que esta transición sea efectiva y sostenible para sus empleados.



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