
La industria automotriz de China atraviesa una saturación sin precedentes que ha puesto contra las cuerdas a la logística marítima global. Con un crecimiento explosivo en las exportaciones, pasando de menos de 600.000 vehículos en 2019 a una previsión de 10 millones para este año, los conocidos como buques Ro-Ro (garajes flotantes) son insuficientes para atender la demanda, provocando un aumento drástico en las tarifas de flete.
El impacto de la saturación en el mercado
La sobreproducción interna, alimentada por una feroz competencia entre más de 100 marcas nacionales, ha obligado a los fabricantes a buscar mercados extranjeros como válvula de escape. Este fenómeno ha rediseñado las rutas comerciales. Según datos de la industria, la tarifa media diaria para un transportador de coches se sitúa en los 70.000 dólares, duplicando los niveles previos a la pandemia.

Ante la falta de buques especializados, las empresas están recurriendo a soluciones alternativas. El uso de contenedores de carga convencional y sistemas flat-rack, que aseguran vehículos en bastidores metálicos dentro de navíos de carga general, permite sortear parcialmente el cuello de botella. Sin embargo, este proceso añade una complejidad operativa mayor al requerir grúas y traslados específicos en los puertos de origen y destino.
Fabricantes que apuestan por flotas propias
Para mitigar la dependencia de terceros, grandes fabricantes como BYD han comenzado a integrar el transporte marítimo como parte esencial de su modelo de negocio. La compañía ya cuenta con una flota operativa y ha encargado nuevos buques de gran capacidad, con el objetivo de gestionar el transporte de hasta 2,5 millones de vehículos al año de forma autónoma. Esta estrategia de control vertical busca asegurar que la expansión internacional de las marcas chinas no se vea frenada por las limitaciones de la infraestructura logística mundial.



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