Los fundadores de empresas en España han manifestado una profunda insatisfacción con el ecosistema nacional. Según una encuesta publicada por Stripe, España ocupa el último lugar en las valoraciones sobre la relación con la Administración y la disposición de los emprendedores a volver a constituir su negocio en el país.

El estudio refleja que, mientras la media europea en el trato con la Administración se sitúa en 5,4 sobre 10, España obtiene una puntuación de 3,3. Esta percepción contrasta con cifras de otros mercados, como Estados Unidos, que alcanza un 7,6, o Suiza, con un 8,2.
El desgaste operativo tras la creación
Aunque medidas como la Ley de Startups y la Ley Crea y Crece han facilitado la fase inicial de creación de empresas, permitiendo constituir sociedades con un capital mínimo de un euro y de forma telemática, el problema persiste en la operativa diaria. Los datos de Stripe indican que el 75% de los fundadores que operan en España no volverían a elegir el país para emprender.

Entre los principales obstáculos señalados por los emprendedores europeos destacan la gestión de impuestos y nóminas (68%), la intervención de notarios y registros (44%), y las normativas de contratación y despido (38%). Un factor crítico es el coste de la reestructuración de plantillas en España, que alcanza los 62 meses de salario por empleado, una cifra significativamente superior a la de otros países como Alemania (31 meses) o Estados Unidos (7 meses).
Esta carga económica impacta directamente en el tejido empresarial, fomentando la prudencia en las contrataciones y limitando el crecimiento de las compañías, que optan por mantener plantillas mínimas o recurrir a perfiles freelance para reducir riesgos operativos.



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