
La efectividad de los sistemas de vigilancia en carretera ha sido objeto de un reciente
estudio explicativo que pone de manifiesto una diferencia clave entre los radares tradicionales y los de tramo. Mientras que los dispositivos convencionales provocan cambios bruscos en la velocidad de los conductores, los sistemas de tramo logran una circulación más constante y segura.
El análisis, basado en la recopilación de múltiples investigaciones, identifica el denominado
efecto canguro como el principal responsable de la menor eficacia de los radares fijos. Este comportamiento ocurre cuando los conductores frenan repentinamente ante un radar y aceleran con fuerza inmediatamente después de rebasarlo, generando situaciones de peligro en el flujo del tráfico.
Mayor seguridad en las vías
Los datos recogidos por la investigación son contundentes respecto a la siniestralidad. Si bien los radares convencionales reducen los accidentes en un 20% en sus puntos de ubicación, los radares de tramo consiguen una reducción del 30%. Sin embargo, la cifra más relevante para la seguridad vial es la disminución de los
accidentes mortales o con heridos graves, que caen un 56% en las zonas controladas por tramos.

Este modelo de control, que ya cuenta con tramos de hasta 30 kilómetros en España, evita que el conductor alterne entre frenazos y aceleraciones bruscas. Para los usuarios, esto implica un trayecto más uniforme donde se mantiene la velocidad permitida de forma constante, eliminando la necesidad de realizar maniobras repentinas que comprometen la estabilidad del vehículo y la fluidez de la circulación.
El
estudio explicativo confirma que, al eliminar la posibilidad de "saltar" el control mediante una frenada puntual, el radar de tramo se posiciona como una herramienta más eficiente para reducir la gravedad de los impactos en caso de producirse un siniestro.
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