La nueva adaptación cinematográfica de Resident Evil ha llevado los efectos prácticos al límite, utilizando técnicas artesanales para recrear el horror visceral de Raccoon City. El equipo de producción, liderado por el director Zach Cregger, optó por construir sets masivos y criaturas físicas en lugar de depender exclusivamente de efectos generados por computadora.

El desafío técnico del alcantarillado y el ascensor
Una de las secuencias más impactantes ocurre en las alcantarillas, donde un ser denominado por el equipo como el “hombre gordo” libera un enjambre de ratas desde su abdomen. Para lograr este efecto, Legacy Effects utilizó animatrónicos y esculturas hechas a mano, evitando el uso excesivo de 3D. El realismo de las texturas orgánicas permitió que el entorno se sintiera tangible para el protagonista, interpretado por Austin Abrams.
Por otro lado, la construcción del ascensor de cinco pisos representó el mayor reto logístico. Para las escenas de acción donde aparece la criatura apodada “el Puker”, el equipo utilizó 16 galones de una mezcla de celulosa metílica y pulpa de papel por toma, replicando el efecto de saliva ácida visto en producciones de ciencia ficción clásicas. El diseño permitió que los paneles fueran extraíbles para facilitar el movimiento de cámaras en espacios reducidos.
El horror en la maternidad
La escena de la maternidad, donde el virus T contamina a los recién nacidos, destaca por su alto nivel de detalle manual. Se emplearon 500 galones de sangre artificial para cubrir el suelo del set, mientras que los bebés mutantes fueron creados como marionetas con ojos individuales controlables. Según Zach Cregger, el objetivo era introducir nuevos enemigos que pudieran encajar en la mitología original de los videojuegos, manteniendo un tono de horror corporal constante durante los 45 segundos que dura la secuencia en pantalla.



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