Las baterías de los vehículos eléctricos que han perdido parte de su capacidad original aún conservan un potencial significativo. Según un informe de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), estas unidades pueden encontrar una segunda vida útil transformándose en sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, una solución que resulta clave para optimizar la integración de las fuentes renovables.
Potencial de almacenamiento y economía circular
El estudio señala que una batería se considera al final de su vida útil para la movilidad cuando su capacidad desciende al 70%. Sin embargo, para aplicaciones estacionarias, este nivel de rendimiento es suficiente para gestionar picos de demanda industrial o complementar la infraestructura de parques eólicos. La implementación de esta tecnología permitiría reducir el coste nivelado de la energía en ciertos escenarios hasta en un 57%, fomentando un modelo de economía circular en la industria. El despliegue de estas soluciones es relevante debido a la creciente dificultad para acceder a minerales críticos como el litio, el cobalto y el níquel. Optimizar el ciclo de vida de los componentes es vital para evitar el descarte prematuro de materiales estratégicos.



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