La franquicia Resident Evil regresa a la gran pantalla con una propuesta que se aleja de la acción convencional para centrarse en el horror a pie de calle. Dirigida por Zach Cregger, la cinta, que se estrena en cines este viernes 18 de septiembre de 2026, explora los eventos de Raccoon City desde la perspectiva de un civil atrapado en el lugar y momento equivocados.

La trama sigue a Bryan, un mensajero interpretado por Austin Abrams, quien debe realizar una entrega en el hospital de Raccoon City durante la fatídica noche que muchos jugadores conocen bien. A diferencia de las entregas anteriores, el protagonista no es un héroe de élite, sino una persona común que intenta sobrevivir a los horrores que se desatan en la ciudad mientras cumple con su trabajo.
Un enfoque distinto en el universo Resident Evil
El director ha optado por una narrativa que corre en paralelo a los sucesos de Resident Evil 2, evitando replicar a los personajes icónicos de los videojuegos. Esta decisión permite que Raccoon City se sienta como una amenaza real y opresiva, recuperando la esencia de la gestión de recursos y el miedo constante que definieron los inicios de la saga.

La producción destaca por su atmósfera, influenciada por el body horror de los años 80, remitiendo a referentes como La Cosa de John Carpenter. La combinación de tensión, efectos prácticos y un toque de humor negro permite que la película funcione como una experiencia independiente dentro del género de terror, alejándose de la solemnidad que a veces ha lastrado otras adaptaciones cinematográficas de la marca.
Más allá de los infectados, la película pone el foco en la mezquindad humana ante situaciones límite, ofreciendo una crítica social efectiva mientras mantiene un ritmo frenético durante sus noventa minutos de metraje. Con una fotografía de Dariusz Wolski, esta nueva entrega busca revitalizar el interés por las adaptaciones de videojuegos en el cine.



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