La industria de los chips chinos destinados a la inteligencia artificial atraviesa un momento crítico. A pesar de los esfuerzos gubernamentales por competir contra los líderes del sector, la falta de disponibilidad de memoria HBM (High Bandwidth Memory) está provocando un aumento drástico en los costes de fabricación, encareciendo los productos finales hasta en un 50% en algunos casos.

La memoria HBM es un componente esencial para que los procesadores alcancen el rendimiento necesario en sistemas de IA con baja latencia. Actualmente, el mercado mundial de este tipo de memoria está dominado por tres actores principales: Samsung, SK Hynix y Micron. Ante una demanda global desbordada, los fabricantes de chips chinos para IA se ven obligados a recurrir a canales alternativos, lo que eleva significativamente sus márgenes de coste.
Impacto en el mercado y precios
Huawei, uno de los referentes tecnológicos en China, ha visto cómo el precio de sus tarjetas Ascend ha experimentado un incremento notable. La nueva Ascend 950DT, que integra procesador y memoria en un único módulo, llegará al mercado con un precio estimado de 37.250 dólares, cifras que reflejan una subida de entre el 20% y el 50% respecto a las estimaciones iniciales de hace solo dos meses.

Esta tendencia al alza no se limita a los nuevos lanzamientos. Modelos ya establecidos como el Ascend 950PR o el Ascend 910C han incrementado su valor de mercado de forma progresiva a lo largo de 2026. Empresas como Cambricon, MetaX e Iluvatar CoreX también están ajustando sus precios al alza ante la incapacidad de la cadena de suministro para satisfacer la demanda masiva de memoria de alto ancho de banda.
El desafío de la producción interna
Aunque compañías como CXMT lideran los esfuerzos para fabricar memoria de vanguardia dentro del territorio chino, el sector se enfrenta a la complejidad técnica y temporal de escalar la producción. La creación de salas limpias y los tiempos de fabricación de memoria avanzada impiden una respuesta inmediata a las necesidades de cómputo del país, que busca cuadruplicar su capacidad instalada para el año 2030.
La situación, lejos de ser un obstáculo puramente geopolítico, se ha convertido en una limitación física que afecta a los fabricantes globales por igual, complicando la estrategia de autosuficiencia en un momento en que la carrera por la IA exige recursos constantes y de alto rendimiento.



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