En la región china de Mongolia Interior, el paisaje minero está experimentando una transformación radical. En la mina de carbón a cielo abierto de Minda, ubicada en el distrito de Dongsheng, conviven actualmente la extracción de recursos con hileras de invernaderos dedicados a la producción de verduras. Este modelo de recuperación busca dar una segunda vida a terrenos degradados por la actividad industrial mediante técnicas de ingeniería y agronomía.

Reconstrucción del suelo para la agricultura
La recuperación de estas superficies requiere un proceso técnico complejo previo a la siembra. El material resultante de la minería se somete a un cribado para retirar piedras grandes, tras lo cual se deposita una capa de unos 60 centímetros de tierra apta para el cultivo. Posteriormente, se mejora la fertilidad del suelo utilizando materia orgánica, como paja y estiércol fermentado, además de implementar sistemas de captación de agua para asegurar el riego en zonas áridas.

El impacto de esta iniciativa en la región de Ordos es notable, con 39 proyectos registrados que combinan la agricultura y ganadería ecológicas con otras infraestructuras como parques o plantas fotovoltaicas. Solo en el complejo de Minda, se contabilizaron en abril de 2026 unos 300 invernaderos, además de cultivos de maíz y alfalfa que sirven de sustento para el ganado local.
Desafíos ambientales y seguridad alimentaria
Aunque estas tierras recuperadas buscan cumplir con los estándares agrícolas vigentes, la reconversión presenta retos técnicos. La extracción de carbón altera los sistemas de agua y la estructura geológica del terreno, lo que obliga a las autoridades a aplicar normativas estrictas, como el estándar GB 15618-2018, para controlar la presencia de contaminantes como el cadmio, plomo o arsénico en los suelos y en los productos finales destinados al consumo.

Proyectos similares se han expandido a otras regiones como Shaanxi, donde zonas de subsidencia minera han sido convertidas en parques de invernaderos. La viabilidad a largo plazo de estos campos depende de la gestión continua de la calidad del suelo y de la capacidad de mantener el equilibrio entre la actividad industrial residual y la producción de alimentos en una China que apuesta por optimizar cada metro cuadrado de su territorio.



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