Las olas de calor extremo han convertido las zonas urbanas en puntos críticos de acumulación de temperatura, un fenómeno conocido como isla de calor. Aunque la estrategia habitual de los ayuntamientos consiste en incrementar la masa forestal, la ciencia señala que no basta con llenar las ciudades de árboles de forma aleatoria, ya que la eficacia en el enfriamiento depende de la especie elegida y de su disposición espacial.
La clave reside en la selección de especies y el diseño
El proyecto BioCiTrees, desarrollado por investigadores de la Universidad de Granada, ha medido durante dos años el impacto térmico de diversas especies. El estudio concluye que árboles específicos, como el olivo, el fresno, el plátano de sombra, el níspero y el naranjo amargo, son los más eficientes. Su capacidad para reducir la temperatura, que puede alcanzar hasta 3,5 ºC bajo su copa, depende de rasgos como el tamaño de la misma y, especialmente, su tasa de evapotranspiración, que actúa como un sistema de climatización natural. Sin embargo, los expertos advierten que no existe una receta universal. El rendimiento de cada ejemplar varía según el contexto climático y la densidad del asfalto, por lo que la planificación debe ser precisa y adaptada a cada ubicación concreta.



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