En 1937, la oficina del futuro no dependía de la IA ni de interfaces digitales, sino de una compleja ingeniería mecánica. En Praga, la institución central de seguros sociales de Checoslovaquia implementó un sistema de archivado automatizado que permitía a los empleados trabajar suspendidos a varios metros de altura sobre el suelo.

Ingeniería para la gestión de datos
El sistema, conocido como kartotéka, consistía en 18 bloques mecánicos que albergaban un total de 9.000 cajones. Los trabajadores se sentaban en plataformas móviles eléctricas que podían desplazarse tanto vertical como horizontalmente, permitiéndoles alcanzar cualquier expediente. Un pedal accionaba la apertura eléctrica de los cajones, facilitando el acceso a la inmensa base de datos física de la época.
Este enfoque funcionalista buscaba maximizar la eficiencia administrativa. Documentos de la época sugieren que el sistema redujo drásticamente el número de trabajadores necesarios para gestionar el archivo, un antecedente histórico que resuena con los debates actuales sobre la automatización y el impacto de la tecnología en el empleo.

Un legado protegido
Aunque la digitalización masiva de estos registros comenzó en 2001, transformando millones de expedientes en archivos digitales, la estructura mecánica original ha sobrevivido al paso de las décadas. Hoy, esta instalación no solo es un vestigio de la vanguardia tecnológica de entreguerras, sino que ha sido declarada Patrimonio Cultural. La administración checa ha mantenido el sistema funcional, permitiendo visitas excepcionales en eventos como el Día de la Arquitectura para mostrar cómo se gestionaba la información antes de la era de los sistemas operativos y la computación moderna.



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