Una investigación basada en imágenes satelitales de alta resolución ha revelado que Rusia está consolidando una infraestructura crítica para el despliegue de drones de largo alcance. El análisis, realizado por la firma DroneSec, identifica al menos 10 instalaciones estratégicas diseñadas específicamente para el almacenamiento y lanzamiento masivo de estas aeronaves no tripuladas.

El despliegue detectado incluye al menos 59 raíles de lanzamiento, con una configuración técnica optimizada para las nuevas variantes de la familia Geran. Según los datos obtenidos, siete de estas localizaciones ya han participado activamente en operaciones recientes, marcando una transición desde ataques aislados hacia una capacidad operativa sostenida y a gran escala.
Evolución tecnológica y capacidad industrial
La capacidad de ataque se ha visto incrementada por la aparición de nuevos modelos, como el Geran-5, que priorizan la velocidad y una mayor carga explosiva sobre el alcance total. Estos drones, capaces de transportar hasta 90 kilos de carga, suponen un desafío para los sistemas de defensa actuales debido a su capacidad de operar en oleadas que superan los 1.000 aparatos en 24 horas.

La magnitud de la red es evidente en emplazamientos como Tsymbulova, donde se ha pasado de cuatro raíles iniciales a 16 posiciones de lanzamiento operativas. Esta expansión no solo permite un mayor volumen de fuego, sino que también utiliza tecnología de producción industrial para reducir los costes de fabricación frente a los interceptores defensivos utilizados para neutralizarlos.
Implicaciones estratégicas en el flanco europeo
El detalle más preocupante analizado mediante imágenes satelitales para determinar posibles riesgos es la ubicación geográfica de estas bases. Algunas instalaciones están situadas en puntos que, dependiendo del alcance real de los nuevos drones, podrían cubrir territorios de los países bálticos y partes de Polonia. Aunque la infraestructura no garantiza una intención de ataque directo sobre territorio aliado, sí representa un cambio en el despliegue de capacidades militares en la región.

A pesar de que las instalaciones fijas son vulnerables a ataques, la estrategia rusa está evolucionando hacia la dispersión de activos, combinando puntos de lanzamiento fijos con sistemas móviles sobre vehículos. Esto dificulta la neutralización completa de una red que, mediante el uso de imágenes satelitales, se perfila como un elemento central en la actual estrategia de defensa y ataque de largo alcance.



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