En octubre de 1995 se estrenó Species, una producción que fue vendida como una propuesta de terror y ciencia ficción, aunque su campaña promocional se centró principalmente en un componente erótico. Pese a que la premisa buscaba captar la atención del público, la cinta esconde una historia compleja marcada por la participación de Hans Ruedi Giger, el legendario artista responsable de la estética del xenomorfo en la saga Alien.

El conflicto entre arte y marketing
MGM utilizó el nombre de Giger como un reclamo comercial de peso, conocedores de su impacto en la cultura popular. Sin embargo, la implicación del suizo fue mucho más allá de una simple firma: diseñó la criatura, creó marionetas y envió bocetos detallados. No obstante, el departamento de marketing del estudio priorizó la imagen de la actriz protagonista sobre el trabajo de diseño de criaturas, una decisión que generó tensiones constantes con el artista.
El propio Giger expresó su disconformidad con el rumbo del proyecto, enviando comunicaciones donde señalaba similitudes que consideraba inapropiadas respecto a otros trabajos y criticando la resolución del guion. Mientras el artista luchaba por dignificar el material, el estudio optó por una promoción basada en el sensacionalismo.

Un enfoque en el ADN y el body horror
Más allá de su envoltorio de thriller, la película exploraba conceptos como la manipulación genética, un tema en pleno auge a mediados de los 90. La idea de un ADN alienígena con la única pulsión biológica de reproducirse permitía una lectura interesante sobre los miedos tecnológicos de la época. A pesar de contar con un reparto destacado, la ejecución final se percibió como una obra de serie B que no logró igualar la profundidad de los diseños de Giger, dejando a la criatura Sil como un elemento visual superior al resto del conjunto cinematográfico.



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