Los enlaces
REMO (Interconexión Eléctrica España-Marruecos) representan una infraestructura crítica que une ambos países a través de 29 kilómetros de cables submarinos bajo el Estrecho. Esta conexión, compuesta por dos líneas de 400 kV, permite un intercambio energético vital que asegura la estabilidad de las redes eléctricas en ambas regiones.

La importancia de los cables REMO
La primera línea se instaló a finales de los años 90, mientras que la segunda entró en funcionamiento a principios de los 2000. Cada cable tiene una capacidad de transporte de 700 MW. Además de la electricidad, la infraestructura incluye fibra óptica para tareas de telecomunicaciones y teleprotección. La instalación fue un reto técnico debido a la actividad sísmica de la zona y la intensa actividad pesquera, lo que obligó a soterrar tramos críticos de la conexión.

Interdependencia y flujo energético
Aunque el sistema es bidireccional, en la práctica, España ha actuado históricamente como exportador neto hacia Marruecos, cubriendo entre el 7% y el 17% de sus necesidades eléctricas. Esta interdependencia facilita que ambos sistemas se apoyen en momentos de alta demanda o fallos técnicos, como ocurrió en el colapso de red registrado en abril del año pasado. A pesar de las especulaciones sobre el control del suministro, la realidad es que Marruecos mantiene un mix energético diversificado que incluye carbón, gas natural, energía solar e hidroeléctrica. Ante el aumento de la demanda industrial, ambos países han valorado la posibilidad de ampliar la capacidad con una tercera línea submarina, reafirmando que, más allá de la política, los
cables REMO funcionan como un pilar fundamental para la estabilidad del suministro eléctrico en el Mediterráneo.
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