Un equipo científico liderado por la Institución Oceanográfica de Woods Hole ha realizado un experimento de geoingeniería en el golfo de Maine, vertiendo 65.000 litros de una solución alcalina, concretamente hidróxido de sodio, en el océano. El objetivo de esta prueba fue evaluar si el aumento de la alcalinidad del agua puede forzar al mar a absorber mayores cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera, ayudando a mitigar el efecto invernadero.
Además, existen incertidumbres ecológicas significativas. Modelos actuales sugieren que una alteración prolongada del pH podría reducir hasta en un 15% la producción primaria neta, afectando gravemente a la cadena trófica. Asimismo, el uso de alternativas como minerales molidos en lugar de hidróxido de sodio sintético conlleva el peligro añadido de liberar metales pesados en los ecosistemas marinos, planteando dudas sobre la viabilidad técnica y ambiental de esta tecnología a largo plazo.
Funcionamiento y resultados del ensayo
El proceso, conocido como Alcalinización Oceánica (OAE), busca contrarrestar la acidificación del agua. Durante el experimento, la mezcla fue marcada con un tinte rojo para facilitar su seguimiento. Los datos obtenidos mostraron un incremento local del pH de 7,9 a 8,3, logrando retirar entre 2 y 10 toneladas de CO₂ en un periodo de cuatro días. Tras este breve lapso, los niveles químicos del agua regresaron a su estado habitual sin que los análisis iniciales detectaran efectos adversos agudos en la fauna local, como larvas de peces o plancton.Los desafíos de la escala global
Aunque los resultados a pequeña escala parecen prometedores, la comunidad científica advierte sobre los riesgos de trasladar este método a nivel global. Un problema crítico es la precipitación secundaria de carbonatos. Si se añaden niveles excesivos de alcalinidad, se puede formar carbonato cálcico, lo que anularía la captura de CO₂ e incluso podría liberar el gas de vuelta a la atmósfera, generando el efecto contrario al deseado.
Además, existen incertidumbres ecológicas significativas. Modelos actuales sugieren que una alteración prolongada del pH podría reducir hasta en un 15% la producción primaria neta, afectando gravemente a la cadena trófica. Asimismo, el uso de alternativas como minerales molidos en lugar de hidróxido de sodio sintético conlleva el peligro añadido de liberar metales pesados en los ecosistemas marinos, planteando dudas sobre la viabilidad técnica y ambiental de esta tecnología a largo plazo.


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