La crisis climática ha puesto a prueba la infraestructura energética de Rumanía. Ante niveles excepcionalmente bajos del río Danubio y una intensa ola de calor, las autoridades han recurrido a una medida extrema: el uso de 180 kg de explosivos para intentar garantizar el suministro de agua necesario para refrigerar la central nuclear de Cernavodă.
Una operación de ingeniería contra la sequía
El problema se originó cuando el descenso del caudal del Danubio obligó a la operadora Nuclearelectrica a detener la Unidad 1 de forma preventiva. La central emplea agua del río para enfriar los condensadores de las turbinas y otros sistemas auxiliares. Sin el caudal suficiente, la planta no puede operar dentro de los márgenes de seguridad establecidos, lo que pone en riesgo cerca de una quinta parte de la producción eléctrica total del país. Las fuerzas navales rumanas ejecutaron detonaciones controladas para retirar la roca de Pârjoaia, un obstáculo físico que impedía el flujo óptimo hacia la toma de agua de la central. El objetivo final de la intervención es dragar la zona y crear una barrera temporal con barcazas cargadas de piedra, diseñada para redirigir el caudal hacia el sistema de canales que abastece a la instalación.



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