Stellantis cierra su histórica fábrica de Douvrin tras el fracaso del motor PureTech

Stellantis ha confirmado el cierre definitivo de su emblemática planta de Douvrin, en Francia, tras 57 años de actividad ininterrumpida. Esta decisión marca el fin de una era para la industria automotriz francesa y es una consecuencia directa de la crisis reputacional y técnica derivada de los problemas detectados en el motor PureTech, que obligaron a la compañía a asumir reparaciones masivas y ampliar garantías a principios de 2025. Bloque de motor PureTech de Stellantis

El impacto de una estrategia fallida

El motor PureTech 1.2 se convirtió en el epicentro de una polémica sin precedentes para el fabricante. La búsqueda de un ahorro extremo en los costes de producción derivó en un diseño donde la correa de distribución bañada en aceite sufría un desgaste prematuro debido a la contaminación por residuos de combustible. Esta deficiencia técnica provocó roturas inesperadas que pusieron en peligro la integridad mecánica de los vehículos, generando miles de quejas de usuarios y un daño reputacional que la empresa ha intentado frenar sustituyendo la gama por el nuevo Turbo 100. El cese de la producción de estos propulsores y la falta de nuevas adjudicaciones para la planta de Douvrin —que también dejó de fabricar el diésel 1.5 BlueHDI el año pasado— han dejado a la factoría sin viabilidad operativa dentro del actual plan estratégico del grupo. Instalaciones de Stellantis

Consecuencias para la plantilla y el sector

La clausura de la factoría, fundada en 1969, afecta directamente a su fuerza laboral. Según los informes, Stellantis ha logrado recolocar a 340 empleados en una nueva planta dedicada a la producción de baterías y un número similar ha sido reubicado en otros puestos dentro de la corporación. No obstante, el futuro de aproximadamente 100 trabajadores, muchos de ellos bajo contratos temporales, permanece sin resolver. Este cierre subraya la creciente dificultad de las plantas europeas para mantener la competitividad frente a regiones con menores costes operativos, como Marruecos o Polonia, donde Stellantis continúa produciendo motores de combustión. Mientras la industria europea acelera su transición hacia la movilidad eléctrica, el caso de Douvrin se suma a la lista de reestructuraciones que están redibujando el mapa de la fabricación de automóviles en el continente.

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