En la década de los 70, el New England Aquarium de Boston albergó a un animal que desafió lo que los expertos conocían sobre la comunicación animal: una foca común llamada Hoover, capaz de articular palabras en inglés. A diferencia de otros casos donde los humanos tienden a buscar parecidos fonéticos, Hoover demostró una capacidad de imitación deliberada que ha dejado un legado científico vigente décadas después.

El origen de una habilidad insólita
Hoover fue rescatada siendo una cría en Maine por el pescador George Swallow, quien la crio en su hogar durante sus primeros meses de vida. Este entorno doméstico fue clave, ya que la foca estuvo expuesta a conversaciones humanas constantes. Al trasladarla al acuario a los tres meses, su desarrollo pareció normal hasta alcanzar la madurez sexual, momento en el que comenzó a emitir vocalizaciones que imitaban frases como "hello", "come over here" o "come on".

Impacto científico y análisis técnico
Lejos de ser una coincidencia, el análisis de sus vocalizaciones mediante espectrogramas confirmó que Hoover realizaba modulaciones de formantes típicas del habla humana para producir vocales y consonantes. Según estudios publicados en Current Biology, estas emisiones probablemente funcionaban como cantos de apareamiento. Aunque el animal no comprendía el significado semántico de las palabras, su capacidad para la imitación vocal posicionó a las focas como sujetos de estudio fundamentales para entender la evolución del habla, un rasgo poco frecuente en el reino animal que requiere habilidades cognitivas avanzadas.



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