Un equipo multidisciplinar de la Universidad de Tel Aviv y otras instituciones ha logrado utilizar 24 piezas de cerámica antigua para obtener datos geomagnéticos de hace más de dos milenios. El hallazgo, realizado en tres yacimientos de Jerusalén, permite documentar cómo el campo magnético de la Tierra sufrió una caída de intensidad superior al 30% entre los años 206 y 155 a.C.

El análisis de arqueointensidad
La clave de este descubrimiento reside en la composición de la arcilla. Al ser cocida a altas temperaturas, los minerales con contenido de hierro se orientan siguiendo el campo magnético del momento. Este proceso, conocido como arqueointensidad, permite que, al recalentar las muestras en condiciones controladas de laboratorio, los científicos puedan medir con gran precisión la intensidad magnética del periodo en que fueron fabricadas.
Las piezas analizadas, que incluyen asas de ánforas de vino de la isla de Rodas, portaban inscripciones con los nombres del alfarero y el supervisor de producción. Esta costumbre administrativa helenística ha proporcionado una precisión cronológica difícil de alcanzar con métodos tradicionales como el radiocarbono.

Implicaciones arqueológicas
Más allá de la geofísica, estos datos aportan luz sobre la cronología de la fortaleza de Acra en Jerusalén. El análisis magnético de una jarra encontrada en una rampa defensiva sugiere que la estructura podría no pertenecer a la fase original del siglo II a.C. atribuida al rey Antíoco IV, abriendo nuevos debates sobre las etapas de construcción del yacimiento.
Aunque estos resultados respaldan investigaciones previas sobre la inestabilidad magnética en el Levante durante el periodo helenístico, los investigadores señalan que ampliar la muestra de piezas cerámicas será fundamental para consolidar estos modelos a una escala regional más amplia.



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